31 de agosto de 2025

La imagen es desoladora: muros agrietados, casas destrozadas, barrios enteros reducidos a escombros. Este es el estado actual de la zona baja de Delmas, Solino y alrededores. Y, sin embargo, en medio de este paisaje apocalíptico, grupos armados instan a la población a regresar a sus barrios.
Pero ¿qué sentido tiene tal orden judicial? ¿Cómo se puede pedir a las familias que regresen a un lugar que ya no existe, donde la vida ha sido sistemáticamente aniquilada? Esta apelación plantea más preguntas de las que responde.
La hipótesis del escudo humano
La primera interpretación posible es militar. El regreso de la población a estas zonas devastadas podría servir como protección contra posibles ataques con drones o fuerzas especiales. Según esta lógica, los civiles no serían considerados ciudadanos a quienes proteger, sino simples escudos humanos. Una brutal explotación del sufrimiento.
La hipótesis de un acuerdo político
Una segunda posibilidad se relaciona con la situación nacional. Si bien algunos actores promueven la idea de celebrar elecciones, el regreso de los residentes a estos barrios crearía una ilusión de estabilidad y normalidad. Este retorno «organizado» podría convertirse en una herramienta estratégica para las fuerzas políticas que buscan proyectar una imagen de control territorial.
La hipótesis de la misión cumplida
Finalmente, cabe considerar una tercera hipótesis: ¿y si los grupos armados ya hubieran alcanzado sus objetivos? Intimidación, desplazamientos masivos, destrucción del tejido social que resultaba inconveniente para ciertos intereses… ¿Podría el líder haber pedido a sus hombres que aflojaran el ritmo, convencido ahora de que la misión se había cumplido?
Una constante: la población sacrificada
Detrás de estas hipótesis, subsiste una certeza: una vez más, es la población la que paga el precio más alto. Estas familias, ya desplazadas, traumatizadas y arruinadas, no pueden regresar a sus barrios sin un mínimo de seguridad, reconstrucción y garantías sociales. Sin embargo, nada de esto existe hoy.
La paz no se puede construir sobre ruinas humeantes. La estabilidad no se puede construir sobre el miedo. Y no se puede pedir a un pueblo que «regrese a casa» cuando esa «casa» no es más que un campo de escombros.
Este llamamiento al retorno, por tanto, revela una lógica cínica: ya sea un cálculo militar, un pacto político o la prueba de que se ha alcanzado un objetivo de dominación. En cualquier caso, refleja una cruda realidad: la vida humana sigue siendo, y siempre será, una variable que debe ajustarse.
Las imágenes lo demuestran claramente: no hay nada a lo que regresar. Y mientras el Estado no asuma su papel de garante de la seguridad y la dignidad de sus ciudadanos, cualquier llamamiento al retorno seguirá siendo una manipulación.
Regresar a las ruinas es aceptar la derrota de la humanidad.
Jean Junior Remy
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