Esquema de una política juvenil

12 de noviembre de 2025

La juventud representa el período crucial durante el cual los individuos construyen su identidad, forjan su conciencia cívica y avanzan hacia la autonomía. En Haití, como en otros lugares, esta fase de transición debe estar respaldada por una política pública clara, inclusiva y coherente.


Una auténtica política de juventud no puede reducirse a discursos o programas aislados: debe estar arraigada en una visión integral del desarrollo humano, basada en la familia como espacio primordial para la formación social.

1. Una política para la juventud, con y por la juventud


Una política de juventud eficaz debe elaborarse conjuntamente con los jóvenes. Esto implica involucrarlos en las decisiones públicas, el diseño de programas y la gestión de las estructuras que les conciernen.

El papel del Estado ya no consiste solo en “hacer por” los jóvenes, sino en crear las condiciones para que ellos mismos lo hagan: para innovar, para participar, para expresarse.


Los jóvenes deben convertirse en agentes de transformación social, no en espectadores de un sistema cerrado.


2. Coherencia entre la política de juventud y la política familiar


La familia sigue siendo el entorno principal para aprender la solidaridad, la responsabilidad y la ciudadanía.

Cualquier política juvenil que esté desconectada de la realidad familiar resulta defectuosa.

Por lo tanto, una política integrada debe articular:


• apoyo a familias vulnerables (bajos ingresos, familias monoparentales, desempleo parental);

• Formación para padres para apoyar a los adolescentes en sus decisiones;

• y espacios para el diálogo intergeneracional para restablecer la confianza entre padres y jóvenes.


Es a través de la familia que los jóvenes aprenden a pertenecer a una comunidad y a construir su futuro.


3. Promover una ciudadanía activa y responsable


Uno de los principales retos es formar a jóvenes que sean conscientes de sus derechos y responsabilidades, y que estén comprometidos con la vida de su barrio, su escuela o su país.

La ciudadanía no se puede decretar; se vive a través de experiencias concretas: proyectos comunitarios, debates cívicos, iniciativas ecológicas, asociaciones locales, voluntariado, etc.

El Estado debe fomentar esta participación mediante la implementación de programas de acción cívica que valoren la contribución de los jóvenes a la comunidad.


4. Educación para la ciudadanía fuera del ámbito escolar


La escuela debe ser un punto de partida, no un límite.

La educación cívica debe extenderse a la calle, al barrio, a los clubes y asociaciones.

Ofrecer a los jóvenes actividades enriquecedoras —culturales, deportivas, artísticas, tecnológicas— les permite desarrollar habilidades sociales, confianza en sí mismos y un sentido de comunidad.

Así es como se construye una juventud consciente, unida y segura de sí misma.


5. Adaptar el sistema educativo a las aspiraciones de los jóvenes.


El modelo educativo haitiano sigue siendo demasiado rígido y elitista. No responde a las realidades ni a los diversos talentos de los jóvenes.

Es urgente establecer una educación diferenciada que valore tanto la formación académica como el aprendizaje técnico, artesanal o digital.

El fracaso académico ya no debe considerarse inevitable.

Cada joven debe encontrar un camino hacia la realización personal y profesional, de acuerdo con sus capacidades y sueños.


6. La paternidad como cuestión política y social


Ser padre o madre implica desempeñar un papel educativo complejo, a menudo sin apoyo ni formación.

El Estado tiene el deber de apoyar a los padres, en particular a los más vulnerables, mediante:

• formación en crianza positiva,

• ayuda económica específica,

• y estructuras de apoyo psicológico y social.


Una sociedad que apoya a sus padres protege su futuro.

Por lo tanto, una política de juventud coherente no puede ignorar la paternidad: es su fundamento.


La juventud no es un “problema que gestionar”, sino una fuerza que canalizar.

Para Haití, representa la clave para la reconstrucción nacional, siempre que el Estado asuma la responsabilidad desarrollando una política integral basada en:

• la familia como base de estabilidad,

• La educación como palanca para la emancipación,

• La participación ciudadana como vía para el desarrollo personal.


De este modo, una política de juventud diseñada por y para los jóvenes se convertirá no solo en un instrumento de gobernanza, sino también en un proyecto social que aportará esperanza y renovación.


Auguste D'Meza

Maestro

Fuerza Nacional de Cambio
Reflexión social: El comportamiento de los políticos haitianos hacia la población
Esquema de una política juvenil

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