4 de diciembre de 2025

Fòs Chanjman Nasyonal ofrece una doble interpretación de este episodio absurdo, revelando el grado de decadencia y descomposición moral en el que se ha dejado arrastrar la clase política haitiana en las últimas décadas, y más particularmente desde el comienzo de esta transición caótica nacida del innoble asesinato del presidente Jovenel Moïse.
Desde el momento en que ese infame tuit anunció el nombramiento de un "nuevo Primer Ministro", la República dejó de ser libre y soberana. Este acto constituyó la primera señal clara de que fuerzas externas pretendían dictar, sin restricciones, el futuro institucional de Haití.
Luego vino lo indescriptible: el bloqueo de un Primer Ministro al que se le impidió regresar a su país. Una humillación nacional. Y, sin embargo, parte de la clase política aplaudió.
Esta complacencia, esta docilidad voluntaria, esta sumisión casi pretendida han abierto la puerta a lo que hoy vemos: la posición pública asumida por dos embajadas extranjeras, que no es otra cosa que la consecuencia lógica de años de dependencia, de sometimiento y de renuncia al interés superior de la Nación.
En esta secuencia no cabe esperar ni sorpresa ni indignación sincera por parte de quienes durante mucho tiempo han cambiado su legitimidad por la protección de potencias llamadas "amigas".
Las lágrimas de cocodrilo que se derraman ahora no engañan a nadie. Solo exacerban la ira de un pueblo que busca desesperadamente mujeres y hombres capaces de ofrecer una alternativa genuina, un camino soberano y responsable centrado en el interés nacional.
Haití ya no puede ser gobernado por terceros, ni tolerar que su destino sea dictado por actores externos, ni aceptar que quienes han traicionado la confianza del pueblo ahora se presenten como víctimas.
El palo que golpea al perro negro es el mismo que el palo que golpea al perro blanco.
Quienes aplaudieron la interferencia de ayer no pueden condenar la de hoy.
Fòs Chanjman Nasyonal reafirma su determinación de llevar la voz de una ruptura auténtica, basada en la soberanía, la dignidad nacional y la renovación política esperada por la mayoría silenciosa del país.
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