25 de agosto de 2025

Reflexiones sobre una capital en crisis
Hubo un tiempo en que Puerto Príncipe resplandecía con un brillo singular. Dominando la bahía con sus casas coloridas, mercados bulliciosos y plazas vibrantes, la ciudad era un símbolo del orgullo haitiano. Escritores, comerciantes, estudiantes y soñadores se mezclaban allí. La efervescencia de la capital encarnaba el alma de un país que, a pesar de sus heridas, se negaba a quebrarse.
Lo que vemos es una ciudad en ruinas, tanto moral como físicamente.
La vida social se ha derrumbado. Las escuelas están cerrando. Los hospitales ya no admiten pacientes. Las carreteras están bloqueadas, las tiendas desiertas y barrios que antes rebosaban vida se han convertido en zonas de guerra. La pobreza, ya generalizada, se ha transformado en un infierno organizado.
Y sin embargo… en los ojos cansados de la gente de Puerto Príncipe, aún quedan resquicios de esperanza.
La esperanza de que la comunidad internacional no haga la vista gorda. La esperanza de que la sociedad civil siga organizándose. La esperanza de que algún día surja un verdadero liderazgo, un liderazgo que sirva al pueblo en lugar de traicionarlo.
Puerto Príncipe ha caído, pero no está muerto. Lo que se necesita hoy es un despertar colectivo, un rechazo a normalizar la barbarie, un compromiso para restaurar la dignidad de la ciudad y de quienes la habitan.
Porque la perla de las Antillas aún puede brillar, si tenemos el valor de ahuyentar su sombra.
Fuente: Periódico La Diaspora
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