Haití bajo tutela encubierta: es hora de la reapropiación nacional

25 de agosto de 2025

El 20 de agosto de 2025, la Organización de los Estados Americanos (OEA) presentó una hoja de ruta para «salvar» a Haití. Un presupuesto colosal: 2600 millones de dólares. Seis pilares bien definidos: seguridad, gobernanza, elecciones, ayuda humanitaria, desarrollo sostenible y economía. Un lenguaje atractivo, la promesa de coherencia y sinergia con la CARICOM, la ONU, la misión multinacional liderada por Kenia, el BID, la OPS y numerosos otros actores internacionales.


Pero más allá de palabras y cifras, persiste una pregunta fundamental: ¿Sigue siendo Haití un país soberano?

Soberanía legal… pero más bien soberanía operativa


En teoría, el Estado haitiano mantiene el control. En la práctica, mecanismos de coordinación externa definen prioridades, asignan presupuestos, establecen plazos y supervisan la implementación. Fuerzas de seguridad extranjeras protegen los corredores. Donantes internacionales financian hospitales y servicios públicos. Instituciones multilaterales planifican las elecciones.

Mientras tanto, el Estado haitiano observa, a veces consulta, pero rara vez decide.


La soberanía se ha vaciado de su sustancia: ahora no es más que un título de propiedad sin uso real.


Las consecuencias visibles


El ejemplo del Hospital Universitario de Mirebalais es flagrante: saqueado, vaciado y abandonado por el Estado. Esta inversión nacional de 16 millones de dólares, otrora motivo de orgullo médico, es ahora un edificio fantasma. Mientras se protegen las turbinas en Péligre, un hospital se deja deteriorar. Este símbolo es elocuente: ya no sabemos cómo proteger nuestros bienes comunes.

¿Asistencia o tutela?


Sin duda, el plan de la OEA proporciona financiación, experiencia y una coordinación muy necesaria en medio del caos. Pero al delegar nuestras responsabilidades principales, estamos creando una dependencia estructural. La ayuda deja de ser un apoyo y vuelve a ser una silla de ruedas.


La verdad es brutal: Haití ya no controla su propia agenda. Su supervivencia depende de iniciativas concebidas, ejecutadas y financiadas en otros lugares.


Retomando el camino hacia la soberanía


Rechazar la ayuda internacional sería un suicidio. Pero recibirla sin condicionarla a las normas de soberanía es igualmente peligroso. Haití debe establecer tres principios innegociables:


1. Propiedad nacional: toda misión extranjera debe integrarse bajo una cadena de mando haitiana clara y pública.

2. Contenido local: al menos el 50% de los proyectos financiados deben ser ejecutados por empresas, instituciones y trabajadores haitianos.

3. Calendario de salida: cada ayudante debe tener una fecha límite y un plan de transferencia de habilidades.


Sin estas salvaguardias, la hoja de ruta de la OEA no será un salvavidas, sino una cuerda de dependencia que nos estrangulará lentamente.


Tiempo de dignidad


El pueblo haitiano no espera otra forma de tutela. Exige que sus líderes retomen su responsabilidad histórica de proteger, decidir y construir. La ayuda extranjera puede ser de apoyo, pero la reconstrucción nacional solo puede lograrse por nosotros y para nosotros.

Haití ha sobrevivido demasiado tiempo a la sombra de las misiones internacionales. Es hora de que el país retome el rumbo: seguridad real, justicia creíble, elecciones soberanas y servicios públicos protegidos.


De lo contrario, la historia recordará que, en nombre de la estabilidad, cambiamos nuestra soberanía por la gestión externa de nuestro destino.

Y que, una vez más, en lugar de escribir nuestro futuro, habremos dejado que otros lo escriban por nosotros.


Jean Junior Remy

Fuerza Nacional de Cambio
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