Haití: El genocidio silencioso del conocimiento y la memoria

7 de noviembre de 2025

Hoy en Haití se está produciendo un genocidio distinto, un genocidio sin balas ni machetes, pero cuyos efectos son igualmente devastadores. Este genocidio es la destrucción de nuestro conocimiento, nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra identidad colectiva.


Y todo esto ocurre bajo la mirada impasible —a veces cómplice— de las élites políticas, económicas e intelectuales del país.


No solo presenciamos la muerte del haitiano, sino la muerte programada de su pensamiento, su imaginación, su conexión consigo mismo. Esto es lo que O. Damus, en un lúcido marco conceptual, denomina epistemicidio, un asesinato del conocimiento, en tres formas principales:


1. Exoepistemicida

Esta es la impuesta desde fuera, mediante la dominación cultural e ideológica de potencias extranjeras. Se manifiesta a través de la imposición de modelos económicos, educativos y culturales totalmente ajenos a nuestra realidad. El conocimiento del «Otro» se convierte en la norma, mientras que el conocimiento haitiano queda relegado al folclore, la superstición y la insignificancia. Peor aún, este exoepistemicidio es apoyado y perpetuado por una élite local desarraigada, que actúa como conducto de valores extranjeros en detrimento del pueblo.


Son estos "no ciudadanos" quienes participan, consciente o inconscientemente, en la progresiva erosión de la conciencia nacional.


2. Endoepistemicida

Este problema surge del seno mismo de la sociedad. Refleja un autodesprecio colectivo: la tendencia de algunos haitianos a rechazar su propia cultura, su propia historia, su lengua, su herencia. La destrucción de sitios históricos, el desprecio por el vudú y el abandono de nuestras tradiciones orales y artísticas son manifestaciones flagrantes de ello. Se trata de una forma de colonización mental que empuja al país a buscar su legitimidad ante los demás, en lugar de extraerla de sus propias raíces.


3. Autoepistemicidio

Esta es la forma más íntima y trágica. Es la forma en que el individuo haitiano se niega a sí mismo, se devalúa y se ve a través del prisma del rechazo. Esta negación suele darse en nombre de una modernidad mal entendida, confundida con la imitación servil de lo que viene de otros lugares.

Hemos creado así generaciones que ya no saben de dónde vienen y que, por consiguiente, ya no saben adónde ir.


Hacia un conocimiento haitiano: Retorno a las fuentes y modernidad crítica


Ante este triple proceso de borrado, la resistencia debe ser intelectual, cultural y política. Debemos reconstruir un saber que sea verdaderamente nuestro, arraigado en nuestra memoria colectiva, nuestras lenguas, nuestros símbolos y nuestra espiritualidad. Pero este retorno a nuestras fuentes no debe ser una retirada nostálgica: debe ir acompañado de un compromiso con la modernidad, como sugiere Habermas, entendido como un proyecto continuo donde la razón crítica y la tradición dialogan para construir un progreso genuinamente humano.


La reconstrucción de Haití no se trata solo de reconstruir sus carreteras e instituciones:

Se trata de rehabilitar su espíritu, de reafirmar su conocimiento, de reconciliar al haitiano consigo mismo.

Sin este renacimiento intelectual y cultural, cualquier proyecto de desarrollo seguirá siendo una cáscara vacía.


Auguste D'meza

Maestro

Fuerza Nacional de Cambio
Reflexión social: El comportamiento de los políticos haitianos hacia la población
Esquema de una política juvenil

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